Solitario: Un Refugio Personal
Veía sus ojos profundos como cuchillas posarse en mi piel, me estaba de verdad consumiendo la mirada penetrante con la que me miraba… Era una mirada que quemaba, que dolía, pero al mismo tiempo, la mirada parecía suplicar, miraba como pidiendo perdón y que se le redimiera por sus acciones.
Volví mi mirada y comencé a caminar con mi paso habitual, no muy lento, no muy rápido, solo andaba sin mirar atrás en donde se encontraba esa persona que en cierta manera me seguía, quizá solo con la mirada, quizá caminaba detrás de mí.
Nuevamente la encontré de frente, con su pose como si fuese una estatua, evitando el contacto humano como si le quemara las entrañas, aislándose dentro de su mundo ficticio e imperfecto, casi como si quisiera eliminar el resto de la humanidad para volverse tan simple como una máquina.
Volví a ver sus ojos condenándome con profundidad, y mientras mi cuerpo, mis pies y mis manos querían huir, mis ojos se mantenían mirando, mi boca quería hablar. Se volteó sin interés, sin siquiera notar mi presencia, y comprendí que a cada día que pasaba, se olvidaba un poco más de mí y de todo lo que en un momento compartimos.
Volví a mi soledad, la abrazadora compañera y la única amiga en los momentos más amargos, y sin embargo, traicionera y vil, amargada y falsa.
Miraba ahora con la intensidad de mi soledad, mi mirada se tornó fría y ausente, mi corazón latía a desgano, y la migraña era imparable… En especial en las noches de verano, con la calidez de las noches en que los recuerdos y la oscura soledad embriagan el entorno con un frío sin igual, un frío interno, poderoso… Amargo… SOLITARIO.
Aprendía callar, aprendí a vivir solo soportando mi soledad, mi tristeza y…
Ahora cuando miren mis ojos, a partir de ahora, solo verán en el mi propio refugio personal.
(Idea Original: Junio 2010)
(Idea Original: Junio 2010)