Felicidad Oculta: Ser Un Poco Más Feliz
Los días pasan como si fuesen segundos, hay veces en los que simplemente no te percatas de como el tiempo pasa a tu alrededor, el mundo girando, los negocios siempre siendo efectuados, las nubes andando con el delicado viento, la gente caminando, andando por sus automóviles, haciendo cosas importantes y tu, simplemente te encuentras en un punto muerto, has perdido la noción de lo que pasa a tu alrededor.
A medida que caminaba, sentía que la acera se alargaba y luego contrastantemente se volvía tremendamente pequeño el camino, en realidad o había mucho que decir, que hacer, solo había que caminar un tramo, y mientras caminaba por la calle sin pensar, se apoderaba de mí un sentimiento tonto de felicidad, como cuando de niño salías al parque después de varios días sin hacerlo y después de hacer la tarea, esa sensación de libertad y de plenitud, de ganas de vivir.
Caminaba y a medida en que pensaba en alguna cosa de la cual no recuerdo sin importancia veía como la ciudad es preciosa a medida que tienes tiempo de verla, veía los enormes edificios que pasaban al lado mío sin comprender realmente porque no los había admirado así cuando pasaba por el camión o el automóvil, porque en ningún momento embriagado de su belleza sin igual me había bajado de ellos y había recurrido la preciosa avenida admirando cada uno de los locales que se me atravesaban en mi camino.
Sin importar iba de regreso, por la misma calle viendo como se iba haciendo angosta y grande, en realidad no era que fuese así, solo un efecto de mi mente, y al llegar a la avenida principal, continuar caminando.
Vi a mucha gente en ese lugar, algunos con sus pesados maletines, otros enfrascados en importantes conversaciones telefónicas, otros andando con velocidad con unos papeles en la mano, otros simplemente apurados; sonrisas, pocas. En realidad es algo normal en una ciudad grande y muy transitada por tanta gente, en realidad no se que es lo que en ése momento no me hizo echar a correr con mi mochila o a subirme al camión para ir más rápido a mí destino, no es normal en la ciudad tomarse un tiempo como el que el día de hoy me había tomado, y sin embargo, lo estaba haciendo.
Mientras caminaba vi a unos empresarios, yo, con mi sonrisa estúpida y con una sensación vacía de triunfo me encontré cerca de ellos, uno de ellos que estaba enfrascado en su plática me miró levemente y quizá por coincidencia, quizá por que es como lo vi, quizá simple imaginación volteo y señalándome me dijo un cálido "si" como presagiando un próximo y excelente futuro, figuraciones mías, pero en ese momento uno se siente muy bien.
Continuaba caminando, y el destino incierto (como algunas personas les gusta llamarlo, aunque yo creo que son coincidencias que se dan en la vida, en especial cuando vas con un tono alegre) siempre se cruza en nuestro camino, encontré una de esas librerías abandonadas, con pocos clientes y en los que disfrute de un momento de paz rodeado de los libros que nadie querría en realidad comprar por su desgaste, y que aun cuan desagradable se vieran, todos contenían algo importante en su interior, e incluso algunos eran deseables para mí.
Al llegar a mí casa parece que se desvaneció un poco ese sentimiento de profunda alegría y paz, pero ahora que veía el atardecer u el cielo se coloreaba de naranjas mientras las nubes adquirían un tono violeta he podido distinguir que no es que se halla ido esa felicidad, sino que simplemente esta oculta en el interior de nosotros y que tiene que ser nuestra decisión sacarla y expresarla, es nuestro deber para disfrutarla abstraernos un poco de lo común que ocurre en nuestras vidas y ser un poco más felices.