Muerte
Hoy el mundo ha perdido algo, quizá no de demasiada importancia, un ser más para el mundo no causará daños, pero cuando para eso era parte de tu mundo se siente sensible, se siente vacío, y ves la ausencia de lo perdido entre los espacios, en cada momento tu vida se empeña en hacerte ver tu carencia de eso, te hacer ver que ya no lo tienes, eres pobre, pobre porque ya no lo tienes! Y no lo tendrás jamás... No...
Cuando uno pierde a él que ama, entonces es cuando llegan las revelaciones profundas, el darnos cuenta de lo que esa persona significaba, la rutina se rompe, y lo extrañas, extrañas la maldita monotonía con la que solías pasar esos momentos, el habitual saludo, el casi andar sin cuidado, la desesperación del tiempo con él, el dolor que te causaba, sus mañas o actitudes que te desagradaban, todo ello llega a la cabeza a revolverse, a estar presente, siendo un oxígeno, oxígeno abrasador y corrosivo, destructor de las mentes, muerte infame y vil, que has de llevarte lo más preciado, y nos dejas solo, a los seres sensibles de ti, nos abandonas y a la vez nos acompañas, eres la más maldita de las desgracias, y sin embargo, la más grande de las aliviadoras del dolor, pero no del dolor ajeno, sino del personal.
Entonces veo, veo con impaciencia como es que la vida y la muerte se devaten entre los rincones, pienso que para alcanzar la plenitud está en la muerte, y sin embargo da miedo, que es más terrible que el miedo por morir? Somos seres que estamos destinados a la busqueda de la sobrevivencia, a la búsqueda de ese vivir, tanto hasta llegar al punto de la inortalidad misma, hasta ser etéreos, perpetuos e infinitos, hasta poder ser lo que no somos, ser la divinidad misma, ser un Dios.
Y sin embargo, tu eres la que derriba los sueños, ella derriba las esperanzas de los idiotas, nos hace ver lo que no somos, no somos Dios, y si lo fuéramos, anhelaríamos que la vida acabase, porque siempre queremos lo que no ha de ser para nosotros, anhelamos poseer lo que creemos es una virtud, y no vemos que estamos colmados de ellas, y por eso es mi naturaleza odiar, odiar hasta mi pérdida, odiar el dolor y el vacío, el extraño agujero que me consume por los adentros y mata al ser, lo vuelve algo denso, algo frío, lo ha transformado en otra cosa.
La ausencia, el dolor, que grato es sentir, poder lamentarse, porque de no ser asíno tendría el sentido vivir, el dolor me hace ver lo feliz que me hacía algo, no solo por el perder de la rutina, que sigue constantemente engañando a mi realidad presente, que con deseos llego al lugar de siempre a realizar las acciones, acciones en las que ya no estas presente, acciones inecesarias... Más que ello, el dolor me ha enseñado, que de verdad te quería, que eres una cosa indeleble, implacable, eras... algo importante...
Y por ello, me defiendo del dolor... para poder vivir..."