Castillo de Arena


Cada año como ya es tradición, escribo una nota de fin de año en la cual hago una pequeña reseña de mi año además de que hago un agradecimiento a todas las personas que a mi consideración merecen un agradecimiento por sus contribuciones a mi vida en ese año, este año he preferido no hacerlo, ha sido un año de muchas altas y bajas, de cosas inesperadas, de dichas muy grandes, a su vez ha sido de problemas y momentos de conflicto...

En los últimos días realice un pequeño viaje a un puerto, estuve en la playa, disfrutando de la brisa, el calor, el sol, la brisa marina y decidimos realizar una edificación, un intento de castillo de arena... De la cual he decidido hacer una pequeña reflexión o símil:


CASTILLO DE ARENA.

La vida se trata de edificar, de estar por la vida estando de realizar edificaciones, la vida es un castillo en el cual hay que trabajar, en el cual hay que poner empeño....

A veces las cosas no salen como se planean, a veces lo que imaginamos que íbamos a alzar no es como lo pensamos, pero eso no significa que todo este perdido o determinado, sólo significa que las cosas no van por el camino queremos elegido, aún podemos cambiar un poco la estructura para crear algo diferente, algo que no vivía en nuestro pensamiento, pero que sin duda, puede llegar a ser una gran edificación.

En otras ocasiones, nos limitamos a no crear algo con nuestras manos, crear castillos en el viento, castillos imaginarios, castillos intangibles, Palacios enteros edificados con productos de la creatividad... Imaginarios. Vivir construyendo castillos en el cielo es un pasatiempo adecuado para personas con basta imaginación, pero el crear estos palacios suele causarnos daño, pasar tanto tiempo alzándolos, hasta llegar a partes que son inalcanzables para el propio soñador, el tiempo perdido aumenta el dolor, y la desesperanza aumenta... ¿Acaso algún día mis manos construirán lo que mi mente imaginó?

Algunas otras personas decir alejarse del mar, la brisa es sólo uno de sus grandes miedos, que el mar se acerque a su amada construcción es aterrador, no piensan que las dificultades son aquello que fortalece al final, prefieren vivir alejados del mar, lejos de dificultades y eventualmente lejos de otras personas, vivir lejano no es adecuado... No es sano... No se puede crecer de esa forma... Y están condenados a la soledad y a las tormentas, a que el más pequeños vientos terminen con la construcción...

Otros más construyen a veces en ayuda de alguien más sin tomar en cuenta que las visiones a futuro de la construcción no son compartidas, que el trabajo en equipo no está funcionando, y eso daña en general, se pierde tiempo para avanzar personalmente, por otro lado, hay veces en que estar construyendo con alguien ayuda, cambia la perspectiva de nuestra construcción y nos ayuda a avanzar, pero no por eso nos quedaremos edificando por esa persona por toda nuestra vida, los cambios de perspectiva siempre serán útiles en tanto que hallemos alguna que nos ayude a hacerlo de un manera adecuada, alguien con quien queramos compartir nuestra preciada edificación hasta el fin.

En cuanto a los amigos siempre y conocidos, usualmente llevan a contribuir con algo un poco más pequeño, hemos de cuidarnos e aquellos que quieran cambiar nuestra visión de los castillos, ellos sólo dan sugerencias, ponen algún pequeño granito de arena y a veces nos ayudan a ver otro camino de hacer las cosas... Algunas veces su contribución no es útil, en cuyo caso se puede remover o dejarla, como un cimiento más a lo que somos... El que decide ignorar lo aprendido... Se condena a sí mismo a repetirlo...

Finalmente, la gente pasa, admira lo que hemos logrado, lo que hemos alzado, algunos hacen comentarios positivos donde no hay nada que admirar, otros son honestos con nosotros y nos ayudan a ver errores, nos ayudan a cambiar cosas y así avanzar, otros más llegarán a tratar de demolerlos, algunos atacando nuestra estima personal, otros poniendo un pie que se hunde lentamente en nuestra delicada arena, al final, debemos saber cuidarnos de los observadores, tomar lo conveniente… Atesorar y tenerle respeto a nuestro esfuerzo.


Al final, la vida no está comprada, de igual forma los castillos de aren se caen... Ya sea por alguien que sin consideración lo aplasta, por el paso del tiempo con el cálido soplar del viento, o por las tempestades del mar... Lo cual me hace recordar un texto encontrado en un libro que me regalaron:

“El día que cumpliste nueve años levantaste en la playa un castillo de arena. Sus fosos se llenaron de agua de mar, en sus almenas ardió la eternidad del sol, sus patios fueron incrustaciones de coral y reflejos. Los extraños se acercaron para admirar tu obra. Saciado de escuchar que tu castillo era perfecto, volviste a casa lleno de vanidad. Pasaron ya doce años desde entonces. A menudo regresaste a la playa, intentas encontrar restos de aquel castillo. Acusan al flujo y reflujo de su demolición. Pero no son culpables las mareas: bien sabes que alguien lo demolió a patadas, pero algún día el mar volverá a edificarlo”.


Así, no solo la vida es como dicho castillo de arena, sino que, lo que hacemos, lo que vivimos, todo por lo que trabajamos y luchamos, todo eso es un castillo de arena, todo se termina algún día, así como todo por lo que luchamos se acaba…

Pero algún día… Todo lo que hicimos… dará sus resultados.

Feliz año nuevo.

R_M

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